Sobrepeso en gatos: causas, síntomas y consecuencias

¿Sabías que casi la mitad de los gatos domésticos tienen sobrepeso? Aunque pueda parecer adorable un gato «gordito», el exceso de peso no es un tema menor. La obesidad felina reduce su calidad de vida, acorta su esperanza de vida y aumenta el riesgo de enfermedades graves como la diabetes o los problemas articulares.

¿Cómo saber si mi gato tiene sobrepeso?

¿Cómo saber si mi gato tiene sobrepeso?
Existen señales claras que pueden ayudarte a detectar si tu gato tiene sobrepeso:
  • No puedes palpar fácilmente sus costillas.
  • No se aprecia la cintura desde arriba.
  • El abdomen cuelga en línea recta en lugar de ascender hacia las caderas.
  • Tiene michelines o acúmulos de grasa en la zona lumbar.

Si observas uno o varios de estos signos, es importante revisar sus hábitos alimenticios y consultar con tu veterinario.

¿Por qué engordan los gatos? Principales causas

1.Exceso de comida o calorías

Una de las causas más comunes es una alimentación demasiado calórica o sin control:

  • Porciones grandes o mal medidas.
  • Comida disponible todo el día (alimentación a voluntad).
  • Uso exclusivo de pienso seco (más calórico que la comida húmeda).
  • Premios o sobras humanas con alto contenido en grasa.

Muchos gatos también comen por aburrimiento o estrés, y sus cuidadores y observadores interpretan esa conducta como hambre real.

2.Baja demanda energética

La necesidad calórica de un gato depende de su edad, peso y nivel de actividad. Por ejemplo:

  • Gato con sobrepeso: 44 kcal por kilo
  • Gato con peso ideal: 56 kcal por kilo
  • Gato muy delgado: 63 kcal por kilo

Cuanto menos se mueve un gato, menos energía necesita. Este punto es clave en dietas para bajar de peso.

Consejo: existen alimentos dietéticos para ayudar a los gatos con sobrepeso, pero deben ser supervisados por un profesional.

3.Castración

La castración puede provocar:

  • Mayor apetito.
  • Menor actividad.
  • Cambios en la distribución de grasa corporal.

Esto reduce su necesidad calórica hasta un 30 %. Si no se ajusta la cantidad de comida, el riesgo de obesidad se triplica.

4. Enfermedades asociadas

Algunas enfermedades pueden causar o agravar el aumento de peso:

  • Trastornos hormonales como el hipotiroidismo.
  • Problemas metabólicos o retención de líquidos.
  • Tumores o patologías subyacentes.

Siempre consulta con el veterinario para descartar causas médicas antes de cambiar su dieta.


El sobrepeso no es solo una cuestión estética: puede acortar la vida de tu gato y afectar seriamente a su salud. Controlar la alimentación, fomentar el ejercicio diario y acudir al veterinario de forma regular puede marcar una gran diferencia.

¿Crees que tu gato podría tener sobrepeso? Consulta con tu veterinario y empieza a cuidarlo mejor desde hoy.

El duelo en los gatos

¿Los gatos sienten duelo? Aunque su naturaleza es más independiente los gatos también forman lazos afectivos entre ellos. Especialmente cuando comparten un territorio durante años, o han crecido juntos como hermanos o madre e hijo.

¿Cómo lo viven?

Sus hermanos y compañeros, cuando uno de nuestros gatos parte —ya sea en el contexto de una colonia felina o en el calor de un hogar—, no solo los humanos sentimos la pérdida. Sus compañeros felinos también pueden experimentar un proceso de duelo, con manifestaciones que, aunque a veces sutiles, revelan una profundidad emocional que merece ser reconocida y acompañada.

¿Los gatos sienten duelo? Desde la etología felina, entendemos que los gatos son animales sensibles, con vínculos sociales más complejos de lo que durante mucho tiempo se pensó. Aunque su naturaleza es más independiente que la de otros animales sociales, como los perros, los gatos también forman lazos afectivos entre ellos. Especialmente cuando comparten un territorio durante años, o han crecido juntos como hermanos o madre e hijo.

Cuando uno de estos vínculos se rompe por la muerte de un compañero, pueden aparecer signos de duelo. Aunque no podemos afirmar que los gatos atraviesen las fases del duelo humano exactamente del mismo modo, hay comportamientos que se asemejan a la confusión y búsqueda, es común que un gato que ha perdido a su compañero lo busque por la casa o por el territorio durante días o incluso semanas. Maúllan más de lo normal, exploran lugares favoritos del ausente o se quedan mirando fijamente al vacío.

Cambios en el comportamiento, algunos gatos se muestran más apáticos, duermen más o menos de lo habitual, pierden el apetito o se aíslan. Otros pueden volverse más demandantes de afecto humano o de otros compañeros felinos. Se reorganizan y adaptan con el tiempo, si el entorno es seguro y el acompañamiento adecuado, el gato comienza a adaptarse a la ausencia. Puede retomar rutinas, recuperar el apetito y volver a mostrar interés por el juego o la exploración.

¿Cómo les podemos ayudar? Ya sea en el entorno de una colonia felina o en un hogar, hay algunas pautas que pueden facilitar este proceso:

Considerar el vínculo con humanos. A veces, los gatos que no eran especialmente cariñosos antes del duelo pueden empezar a buscar consuelo en sus cuidadores humanos. Es una oportunidad de crear nuevos vínculos desde el respeto y la empatía.

Evitar cambios bruscos. Durante el duelo, los gatos se benefician de la estabilidad. Mantener horarios de comida, rutinas y espacios conocidos es clave.

Ofrecer compañía sin forzar. Algunos gatos buscarán más contacto; otros preferirán estar solos. Lo importante es estar disponibles y atentos, sin invadir su espacio.

Enriquecimiento ambiental. Juguetes interactivos, rascadores, escondites y estímulos nuevos (en cantidades moderadas) pueden ayudar a reducir el estrés y reavivar el interés.

El duelo en las colonias felinas, donde el sentido de grupo puede variar según la cohesión entre los gatos, también se observan conductas de duelo:

  • Algunos gatos buscan o esperan durante días a su compañero fallecido.
  • En ocasiones hay un cambio en la jerarquía o el comportamiento grupal.
  • Otros gatos pueden rechazar momentáneamente el alimento o aislarse.

La observación cuidadosa es esencial para detectar estos cambios y brindar apoyo. A veces, simplemente estar presentes, ofrecer alimento de calidad o crear zonas de refugio puede marcar una gran diferencia.

Los gatos sí sienten la pérdida, y aunque no podamos saber con certeza cómo elaboran el duelo internamente, su comportamiento nos habla de vínculos y emociones profundas. Reconocer su dolor y acompañarlo con respeto y amor es una forma más de honrar la vida felina en todas sus etapas.

En Evolution Cats, creemos que cada vida cuenta, y también cada ausencia. Porque los vínculos que crean los gatos —entre ellos y con nosotros— son tan reales como el amor que los sostiene.

El Bienestar Animal: Una Ley Necesaria, un Cumplimiento Ausente

Por una ciudadanía consciente, por una ley que se cumpla.
Vivimos en una sociedad que dice amar a los animales. Tenemos leyes que los reconocen como seres sintientes, que proclaman su derecho al bienestar y castigan el maltrato. Sin embargo, cuando miramos la realidad, nos encontramos con una contradicción profunda: la ley existe, pero su aplicación es débil, desigual y muchas veces ausente. ¿Y quién sufre las consecuencias? Siempre el mismo: el animal.

¿Qué dice la Ley de Bienestar Animal?
La Ley de Bienestar Animal, vigente en muchos países y reforzada en algunos por normas autonómicas o municipales, se basa en principios que, sobre el papel, parecen indiscutibles:
 El trato ético y digno a los animales, tanto domésticos como —en ciertos casos— silvestres o de producción.
 La responsabilidad activa de los tutores o cuidadores para garantizar sus necesidades físicas y emocionales.
 Condiciones mínimas de vida: espacio, alimentación, socialización, atención veterinaria.
 Sanciones por abandono, maltrato, crueldad o negligencia.
Todo esto configura un marco legal que, según nuestro criterio —y siempre desde una visión opinativa— es absolutamente necesario, porque sin normas claras y control efectivo, la protección animal no funciona. Y lo estamos viendo cada día.

La contradicción: leyes que no se cumplen, autoridades que miran hacia otro lado En la práctica, la ley se incumple constantemente:
 Animales encerrados en balcones, cocinas o garajes.
 Gritos, golpes o castigos como “educación”.
 Espectáculos que generan sufrimiento, crías regaladas sin control, madres abandonadas.
 Abandono cuando el animal ya no resulta “útil” o cómodo.
Y lo más grave: la omisión. El silencio. La pasividad.

Muchos ciudadanos que se atreven a denunciar estas situaciones se encuentran con un muro institucional. Las autoridades competentes no actúan, no dan seguimiento, o incluso —y esto es lo más inaceptable— informan al denunciado de quién ha hecho la denuncia.
¿Cómo se puede proteger a quien no tiene voz, si quienes lo defienden terminan siendo expuestos y desprotegidos?
Esto no solo es una negligencia, sino una traición a la confianza pública.

Cuando ayudar también puede dañar: el rescate sin control
En paralelo, hay otro fenómeno que merece una reflexión seria: el rescate
desordenado y descontrolado. Muchas personas, movidas por un amor sincero hacia los animales, se autodenominan rescatistas. Recogen animales de la calle, los agrupan en sus casas o sedes de asociaciones, y luego los entregan a otras familias, en muchos casos sin criterios éticos, sin seguimiento, sin controles sanitarios, y sin formación.
Esto puede derivar en:
 Hacinamiento y sufrimiento.
 Reproducción no controlada.
 Donaciones mal gestionadas.
 Entregas irresponsables que terminan en nuevos abandonos.
Lo que comienza como un acto de compasión, puede transformarse en una forma encubierta de maltrato, aunque bienintencionada, y mientras tanto, las administraciones se desentienden.
Como si cuantos menos animales haya en la vía pública, menos problemas hay. Como si esconder el sufrimiento fuera lo mismo que solucionarlo. Pero no lo es. Nuestra opinión: hace falta algo más que intenciones
Desde nuestra perspectiva, y siempre en tono respetuoso y reflexivo, la ley por sí sola no basta. Hace falta:
Voluntad institucional firme y coherente.
Profesionales formados en protección animal.
Educación ciudadana en ética y convivencia.
Control de quienes rescatan, crían o gestionan animales.

Y sobre todo, una cultura de la denuncia segura y protegida, donde quien
actúa por el bien de los animales no termine siendo víctima del sistema.

Conclusión: los animales no necesitan solo amor. Necesitan justicia.
Amar a los animales no es suficiente. Rescatarlos no es suficiente. Denunciar no es suficiente, si el sistema no acompaña.
Los animales no tienen voz, no pueden organizar protestas ni exigir sus derechos, dependen de nuestra coherencia, de nuestra responsabilidad y de nuestra firmeza moral.
No se trata solo de cumplir la ley. Se trata de hacerla valer.
No se trata solo de proteger. Se trata de no seguir fallando.

Este texto está escrito desde una visión ciudadana, reflexiva y crítica. No pretende señalar culpables individuales, sino abrir un diálogo colectivo sobre cómo mejorar realmente la situación del bienestar animal en nuestra sociedad.

De la calle al corazón: cuando cuidar a un gato transforma tu vida

¿Te has preguntado por qué muchas personas se sienten tan conmovidas ante un gato solo en la calle?

Cuando cuidas a un gato callejero, también te estás cuidando a ti: una mirada al vínculo humano-animal

En nuestras calles, hay gatos que caminan solos, en silencio, sorteando el ruido, el frío o la indiferencia. Muchos de ellos no conocen el calor de un hogar, pero a veces tienen algo aún más valioso: una mano que les da de comer, que los mira con ternura, que no pasa de largo. Y detrás de esa mano, siempre hay una historia. Porque cuando una persona alimenta a un gato callejero, no solo está dando alimento: está devolviendo a la vida un poco de lo que ella misma ha necesitado alguna vez.

¿Te has preguntado por qué muchas personas se sienten tan conmovidas ante un gato solo en la calle? La respuesta está en lo más profundo de nuestra psicología. Ver a un animal desvalido activa el reflejo de cuidado que todos llevamos dentro. Y más aún: muchas personas se ven reflejadas en ese pequeño ser. Porque ese gatito:

  • También ha sido ignorado.
  • También ha tenido miedo.
  • También ha sentido hambre, frío o abandono.

Desde la psicología, sabemos que muchas personas que alimentan gatos lo hacen movidas por la empatía, pero también por un impulso más íntimo: reparar, a través del cuidado al otro, el propio dolor pasado. Alimentar a un gato se convierte así en un acto de amor… también hacia uno mismo.

La neurociencia lo confirma: cuando cuidamos a un animal, nuestro cerebro libera oxitocina, serotonina y dopamina. Nos sentimos mejor. Más humanos, más vivos. Y los estudios sobre conducta animal nos muestran que los gatos, aunque independientes, también sufren el abandono, se sienten inseguros, y establecen vínculos afectivos profundos.

El acto de cuidar no solo transforma al gato. Nos transforma a nosotros. Muchas personas que cuidan colonias felinas nos cuentan que encontraron en esos animales un propósito, un sentido en medio del caos. Personas mayores, jóvenes, familias… que, al encontrar a un ser vivo que las necesita, descubren también una razón para levantarse, para salir, para amar.

Y esto tiene un enorme valor social. Porque el cuidado comunitario de animales nos hace mejores ciudadanos, más empáticos, más responsables. ¿Y por qué, entonces, se abandona? El abandono es la otra cara de la moneda. También nace, muchas veces, de una historia no resuelta: falta de herramientas afectivas, desinformación, soledad, miedo al compromiso o a los costes emocionales y económicos. En algunos casos, se abandona por no saber cómo pedir ayuda. En otros, por pensar erróneamente que “el gato se las apaña solo”. Pero no es cierto. Un gato abandonado no es libre, es vulnerable.

Por eso, en Evolution Cats apostamos por educar desde la comprensión, sin justificar el daño, pero entendiendo que detrás de cada acto hay una historia que debemos transformar. Alimentar con conciencia, cuidar con responsabilidad

Cuidar a un gato callejero es hermoso, pero también requiere compromiso. Desde nuestra asociación y en coordinación con el Ayuntamiento de Cijuela, aplicamos el método CER 3.0 (Captura, Esterilización, Retorno y seguimiento) para garantizar que ese cuidado se realice de forma ética, legal y segura. Y lo hacemos acompañando a las personas, escuchando sus historias, y construyendo puentes entre el amor que sienten por los gatos y las herramientas que necesitan para cuidarlos bien.

Un mensaje para ti, que alimentas, que miras, que sientes

Si alguna vez diste comida a un gato callejero y te temblaron las manos al ver sus ojos…
Si alguna vez lloraste por uno que no volvió…
Si alguna vez sentiste que cuidarlo te salvó un poco a ti también…
Este mensaje es para ti.

Gracias.
Gracias por no pasar de largo.
Gracias por hacer del mundo un lugar más tierno y justo.
Y gracias por acompañarnos en esta misión de proteger no solo a los animales, sino también a la parte más compasiva de nuestro ser humano.

🖋️ Evolution Cats
Con cada gato, una historia. Con cada historia, un corazón que despierta.
https://evolutioncats.wordpress.com

Los Gatos: Espíritus del Silencio

Guardianes del Umbral, Espíritus del Silencio

En cada rincón del mundo, los gatos han sido venerados, temidos, respetados y amados. Silenciosos, enigmáticos y profundamente sensibles, estos seres no solo caminan entre las sombras y la luz, sino que también parecen custodiar un conocimiento antiguo, uno que sus ojos —profundos como el universo— parecen recordar.

Gatos en la historia espiritual de la humanidad

Desde el Antiguo Egipto hasta el Japón místico, los gatos han sido considerados puentes entre mundos. La diosa egipcia Bastet, protectora del hogar y la fertilidad, era representada con cabeza de gata. En Japón, el Maneki-neko no es solo un símbolo de buena fortuna, sino también un recordatorio de que los gatos perciben energías que los humanos no alcanzamos a ver.

En muchas culturas se dice que los gatos ven espíritus, absorben energías densas y protegen el hogar. Cuando un gato se queda en silencio mirando un punto fijo, tal vez esté observando aquello que tú aún no puedes sentir. Ellos ven lo invisible. Y protegen desde ahí.

Su misticismo en lo cotidiano

Un gato que duerme sobre ti cuando estás triste, que maúlla sin razón aparente, o que simplemente desaparece durante días para luego volver… está siguiendo un patrón que no es solo animal, sino espiritual. Son sanadores energéticos, sabios silenciosos y maestros de la presencia.

Ellos no obedecen, pero te acompañan si lo mereces. No se imponen, pero te miran hasta el alma. Su forma de amar no se da por sentada: se gana con respeto y conexión real.

Cuando un gato llega a tu vida, es señal de que algo está despertando

Muchas veces, un gato no aparece «porque sí». Puede llegar en una etapa de cambio, de sanación, de duelo o de despertar. Y es entonces cuando su presencia se vuelve un símbolo:

  • Un guardián para tu alma herida
  • Un espejo para tu sombra
  • Un guía hacia tu centro
  • O simplemente, un recordatorio de que no estás sola/o

Algunos dicen que los gatos eligen a sus humanos por vibración. Que sienten tu energía antes de conocerte. Y que si uno se cruza en tu camino, es porque hay un aprendizaje mutuo por suceder.

Gatos y evolución del alma

En Evolution Cats, no solo protegemos a estos seres maravillosos: les reconocemos como aliados espirituales, como compañeros de evolución. Creemos que cada gato tiene un propósito, y que su presencia en nuestra vida puede enseñarnos a habitar el silencio, a confiar en la intuición y a cuidar sin poseer.

Acoger, alimentar, liberar o adoptar un gato no es solo un acto físico: es un gesto sagrado. Es reconocer la dignidad de un alma antigua, y permitir que su energía transforme la nuestra.

Porque cada gato que protegemos, es también un maestro que nos protege.

En su silencio hay lenguaje.
En su mirada, sabiduría.
En su andar, un eco sagrado.

¿Por qué hay quienes rechazan o maltratan a los gatos?

Esta es una pregunta que toca un punto muy profundo de la psique humana. Porque no se trata solo de una preferencia o una fobia: muchas veces, el rechazo o maltrato hacia los gatos revela un conflicto interno no resuelto, tanto a nivel individual como colectivo.

A lo largo de la historia, los gatos han sido proyectores silenciosos del alma humana. Aquello que no queremos ver en nosotros —la sombra, el misterio, lo incontrolable— suele manifestarse en la forma en que reaccionamos ante estos seres. Rechazar al gato es, en muchos casos, rechazar partes de uno mismo.

Lo que no se puede controlar, incomoda

El gato no obedece por imposición. No se somete. No busca complacer. Su naturaleza libre e independiente incomoda a quienes necesitan dominar para sentirse seguros. Para algunas personas, esto despierta frustración, rechazo o incluso agresión. Porque el gato les recuerda que el verdadero vínculo no se basa en el poder, sino en el respeto mutuo.

El silencio también puede ser espejo

El silencio del gato no es vacío: está lleno de percepción, de presencia, de escucha. Pero hay quienes no soportan ese silencio porque les obliga a escucharse a sí mismos. Frente a la mirada profunda de un gato, muchos sienten que se ven expuestos, leídos, observados más allá de las apariencias. Esa sensación puede ser inquietante para quienes aún no se han reconciliado con su mundo interior.

Portadores del arquetipo reprimido

Históricamente, los gatos han encarnado el símbolo de lo femenino sagrado: lo intuitivo, lo nocturno, lo misterioso, lo fértil, lo sanador. Pero durante siglos, ese principio fue reprimido por sistemas que asociaron la espiritualidad con control y jerarquía, y no con libertad y conexión.

Por eso, en la Edad Media, los gatos fueron quemados junto a mujeres sabias. No porque fueran malvados, sino porque representaban una sabiduría no domesticable. Y ese patrón continúa hoy, en menor escala, cuando alguien maltrata a un gato por “despreciarlo” o “verlo inútil”. Lo que en verdad desprecia es esa parte libre, sensible y misteriosa que no se atreve a habitar en sí misma.

El maltrato, muchas veces, es una proyección del propio dolor

Personas heridas, que crecieron sin cariño, sin respeto, sin contacto empático, pueden llegar a proyectar su ira o su desamparo hacia seres inocentes. El gato, al no defenderse de forma agresiva ni buscar complacer, se convierte en un blanco fácil para esas emociones contenidas. No es odio hacia el gato: es dolor no transformado que se dirige hacia fuera.

Y sin embargo… siguen siendo quienes son

A pesar de los prejuicios, del abandono o del daño, los gatos no pierden su esencia. No se endurecen.
Siguen observando. Siguen sanando. Siguen esperando.

Porque saben que el alma humana, aunque extraviada, puede despertar.
Y saben también que, cuando el encuentro ocurre, cuando un ser humano está listo para mirarse con honestidad, sensibilidad y entrega… ellos están allí, esperándolo desde siempre.