El abandono animal
Cada año, cientos de miles de perros y gatos son abandonados en España. Detrás de cada cifra hay una historia de sufrimiento: animales que mueren asfixiados en bolsas, arrojados a ríos, golpeados hasta la muerte o simplemente dejados a su suerte en una carretera. Historias reales, que suceden hoy, aquí, entre nosotros.
Sí, tenemos leyes. La Ley 7/2023, de Protección y Bienestar Animal, reconoce a los animales como seres sintientes, prohíbe el maltrato, establece obligaciones para sus cuidadores y sanciones para quienes incumplen. Sobre el papel, parece un paso de gigante. Pero la realidad es otra: la ley, sin voluntad política ni recursos para aplicarla, es solo un texto vacío.
Y aquí es donde debemos mirar de frente: ¿quiénes son los responsables de que la ley se quede en papel mojado?
Políticos
Son quienes aprueban las normas, quienes diseñan los presupuestos, quienes deciden qué se financia y qué no. Si no hay campañas de concienciación, recursos para inspecciones, fondos para refugios y formación para fuerzas de seguridad, la ley nunca será efectiva. Usar el bienestar animal como eslogan electoral mientras se permite la impunidad es una burla al sufrimiento de miles de seres vivos.
Jueces, fiscales y abogados
El Código Penal recoge el maltrato animal como delito. La Ley 7/2023 establece sanciones administrativas claras. Sin embargo, ¿cuántas condenas ejemplares hemos visto? Demasiado pocas. Muchos casos se archivan, otros reciben sanciones mínimas, y en la mayoría de situaciones el maltrato queda impune.
La justicia tiene en sus manos la posibilidad de enviar un mensaje contundente: que maltratar o abandonar a un animal no es un acto menor, sino un crimen. Cada sentencia laxa es un permiso tácito para repetir la barbarie.
Veterinarios
No son solo profesionales de la salud animal. También son agentes clave de protección. Ellos suelen denunciar y están en primera línea de defensa del bienestar animal. Sin embargo, se enfrentan a una realidad compleja: muchas personas recogen animales de la calle, gatitos o perritos, sin preguntar antes si se han cumplido los protocolos.
En demasiadas ocasiones, esos animales forman parte de colonias felinas gestionadas con el método CER (Captura, Esterilización y Retorno) o pertenecen a un municipio que ya tiene programas en marcha. Cuando los ciudadanos actúan por su cuenta, aunque crean que hacen un bien, en realidad obstaculizan la labor veterinaria y administrativa, dificultando el control, la esterilización y la protección adecuada de esos animales.
Ciudadanos
Aquí está el origen del problema. Porque mientras sigamos viendo perros y gatos como juguetes, caprichos o recursos de usar y tirar, seguirá existiendo el abandono. Y aquí no caben excusas: quien regala cachorros como si fueran objetos, quien recoge gatitos arrancados de sus madres para “hacer el bien” y luego los abandona de nuevo, quien maltrata por rabia, por ignorancia o por maldad… todos forman parte de la misma cadena de dolor.
Porque no basta con “recoger” un animal para sentirse solidario. La responsabilidad exige informarse, avisar, cumplir protocolos y colaborar. Cada vez que alguien arranca a un gato de su colonia, lo regala sin control, lo abandona de nuevo o lo lleva a un veterinario sin notificar a las autoridades competentes, está perpetuando el círculo del abandono. La buena intención, sin conciencia ni información, también causa dolor.
Protectores y activistas
Ya hacen lo imposible con recursos escasos y manos atadas. Pero su labor no puede ser la única respuesta. No podemos delegar en las protectoras la responsabilidad que es de toda la sociedad.
Una ley que no se cumple es una traición
Cuando la ley no se cumple, el mensaje que lanzamos como sociedad es devastador: la vida de un perro o un gato vale menos que el papel en que se imprime su protección.
No basta con tener textos legales. Se necesitan sanciones que duelan en el bolsillo y en la conciencia, campañas educativas en colegios, formación para jueces y fiscales, compromiso real de veterinarios y recursos efectivos en manos de ayuntamientos y comunidades.
Los animales no pueden esperar más. Cada día de inacción son vidas perdidas en silencio.
La protección animal no es un asunto secundario, es una cuestión de justicia, de ética y de humanidad.
Un país que permite el abandono y el maltrato sin consecuencias no es un país avanzado, es un país que se queda en la oscuridad de la indiferencia.
Porque proteger a quienes no tienen voz nos define como sociedad. Y hoy, más que nunca, es urgente decidir de qué lado de la historia queremos estar.
10 medidas urgentes para acabar con el abandono animal
- Aplicación real de la ley: sanciones económicas ejemplares y penas efectivas para el maltrato y abandono.
- Formación obligatoria
- Protocolos claros para veterinarios,
- Registro y control de nacimientos
- Campañas de educación
- Financiación adecuada a ayuntamientos
- Apoyo a las protectoras o asociaciones
- Prohibición de regalar animales como si fueran objetos, sin garantías de compromiso.
- Censo unificado nacional para perros y gatos, con identificación y seguimiento de todos los animales.
- Campañas permanentes








Debe estar conectado para enviar un comentario.