MIRADAS QUE HABLAN · 6 POR ESO SALIMOS A LA CALLE

Hay momentos en los que el dolor deja de poder quedarse encerrado entre cuatro paredes. Momentos en los que ya no basta con llorar en silencio a los que hemos perdido, recoger a los que otros abandonaron o intentar curar las heridas que alguien dejó atrás. Momentos en los que mirar hacia otro lado deja de ser una opción. Y quizá hemos llegado a uno de esos momentos.

Por eso salimos a la calle.

No salimos porque queramos enfrentarnos a nadie. No salimos porque creamos que una manifestación pueda devolvernos a todos los que hemos perdido.

Salimos porque estamos cansados de llegar siempre después. Después del abandono. Después de la enfermedad. Después del ataque. Después de que alguien haya decidido que una vida que vivía en una colonia no tenía ningún valor.

Porque llevamos demasiado tiempo viendo cómo quienes cuidamos de los gatos comunitarios tenemos que convertirnos en alimentadores, rescatistas, veterinarios, transportistas, casas de acogida y, demasiadas veces, también en investigadores de lo que ha ocurrido cuando uno de ellos desaparece.

Y no debería ser así. No debería depender únicamente del corazón de unas personas que, de manera voluntaria, dedican su tiempo, su dinero, sus fuerzas y una parte de su vida a cuidar de ellos. Porque las colonias felinas existen. Sus gatos existen. Sus vidas importan.

Y no podemos seguir permitiendo que su protección dependa de la suerte de que alguien decida mirar hacia ellos.

Hay vidas que nunca deberían haber llegado hasta nosotros

También salimos a la calle por todos aquellos que encontramos demasiado pequeños, demasiado frágiles y demasiado indefensos. Por los bebés recién nacidos arrancados de la seguridad de su madre y abandonados en una caja, dentro de una bolsa, en un contenedor o en cualquier rincón donde alguien creyó que nadie los encontraría.

Y no, no siempre se trata de abandonarlos esperando que alguien los rescate. Muchas veces se abandonan porque esas vidas, sencillamente, no importan lo suficiente para quien decide dejarlas atrás. Porque resulta más fácil cerrar una puerta, alejarse y no volver la vista atrás que asumir la responsabilidad de lo que se ha provocado.

Quizá así algunas personas consiguen engañar a su propia conciencia. Si no los ven morir, pueden convencerse de que no ha sido culpa suya.

Pero la realidad es otra. Muchos de esos bebés mueren.

Mueren de frío. Mueren de hambre. Mueren de deshidratación. Mueren porque son demasiado pequeños para sobrevivir solos. Y, en demasiadas ocasiones, mueren porque quienes los ve deciden mirar hacia otro lado, porque alguien pasa, ve una caja, escucha un llanto. Sabe que algo no está bien. Y continúa caminando.

Y cuando nosotros llegamos, ya es tarde. Muchas veces, demasiado tarde. Llegamos con mantas, con leche, con calor y con la esperanza de que todavía haya algo que podamos hacer. Intentamos mantenerlos con vida. Buscamos una nodriza. Una casa de acogida. Un veterinario. Un lugar seguro.

Hacemos todo lo que está en nuestras manos. Pero a veces solo podemos recoger un cuerpo demasiado pequeño. Y después nos preguntamos cuántas personas pasaron por allí. Cuántas escucharon. Cuántas vieron. Cuántas supieron.

Porque cuesta creer que nadie vea nada. Que nadie sepa nada. Que una persona pueda abandonar una camada y que, alrededor, no haya nadie que haya visto un coche, una cara, un movimiento extraño.

Y también tenemos que hablar de quienes saben. De quienes conocen a la persona que abandona. De quienes saben que alguien deja animales. De quienes escuchan, ven o descubren lo que ocurre y deciden callar. Porque el silencio puede convertirse en el mejor refugio para quien hace daño. Y mientras alguien calla, otras personas tienen que recoger las consecuencias.

No se trata de señalar sin pruebas. Se trata de entender algo mucho más sencillo: cuando sabemos que se está cometiendo una injusticia contra una vida indefensa, no podemos convertir la indiferencia en nuestra respuesta. No podemos seguir diciendo que nadie vio nada.

Porque detrás de demasiados abandonos aparecen una y otra vez las mismas frases: «Yo no sé nada.» «Yo no he visto nada.» «No me quiero meter.» Y mientras tanto, alguien recoge los cuerpos. Alguien intenta salvar a los que todavía respiran. Alguien llora a los que llegaron demasiado tarde. Y casi siempre son los mismos.

Los voluntarios.

Las rescatistas.

Las gestoras de colonias.

Las casas de acogida.

Las personas que decidieron que mirar hacia otro lado nunca sería una opción.

Por eso pedimos protección

Salimos a la calle para pedir. Pero también para exigir.

Para exigir que los ayuntamientos cumplan con la ley y asuman la responsabilidad que les corresponde.

Para exigir una protección real para los felinos comunitarios y para las colonias en las que viven.

Porque proteger no puede ser solamente escribir unas palabras bonitas. Proteger significa actuar.

Significa que, cuando alguien ataca a un animal, haya consecuencias.

Que cuando alguien robe a un cachorro de una colonia, no se mire hacia otro lado.

Que se investigue.

Que se denuncie.

Que se cumpla la ley.

Que, cuando corresponda, se sancione. Porque un cachorro, un gato, no es un objeto que cualquiera pueda coger y llevarse. Es una vida.

Una vida que puede tener una madre esperándolo. Una vida que puede necesitar cuidados.

Una vida que, al desaparecer, deja detrás una historia que quienes cuidamos de esa colonia tendremos que intentar reconstruir.

Y queremos que se actúe también cuando se les quita la comida. Porque quitar el alimento a un animal que depende de una gestión responsable no es una simple travesura ni un problema sin importancia.

Detrás de cada plato hay una persona que conoce esa colonia. Que sabe quién necesita comer. Quién está enfermo. Quién es demasiado pequeño. Quién ha aparecido después de días sin dejarse ver.

Quitarles el alimento no soluciona nada. Solo vuelve su vida un poco más difícil.

Y queremos protección cuando quienes cuidan de ellos son increpados, insultados, perseguidos o señalados simplemente por hacer aquello que nadie más quiso hacer. Porque cuidar no debería convertirse en un motivo para tener miedo.

No debería haber personas que tengan que alimentar mirando por encima del hombro.

No debería haber gestoras de colonias que tengan miedo de llegar un día y descubrir que alguien ha hecho daño a los animales.

No debería existir el temor constante de que uno de ellos desaparezca.

De que alguien lo persiga. De que alguien lo ataque. De que alguien decida que tiene derecho a acabar con una vida simplemente porque esa vida vive en la calle.

Ellos no eligieron estar allí

Porque ellos no eligieron estar allí.

No eligieron nacer en una colonia.

No eligieron enfermar.

No eligieron pasar frío.

No eligieron tener hambre.

No eligieron sentir miedo.

Y, desde luego, no eligieron ser perseguidos, atacados o maltratados.

Ellos simplemente están intentando vivir. Y eso debería ser suficiente para que merecieran respeto.

Respeto.

Quizá esa sea la palabra más importante de todas.

Porque antes incluso de hablar de amor por los animales, tenemos que hablar de respeto.

Respeto por una vida que no puede defenderse con nuestras palabras.

Respeto por un ser que no puede acudir a un ayuntamiento a pedir ayuda.

Respeto por un animal que no puede denunciar que le han quitado su comida, que lo han perseguido o que alguien le ha hecho daño.

Ellos no pueden hacerlo.

Pero nosotros sí.

No son solo gatos

Y por eso salimos a la calle.

Por todos los que viven en las colonias y todavía esperan que alguien los proteja.

Por los que desaparecieron y nunca supimos qué fue de ellos.

Por los cachorros que fueron separados de sus madres.

Por los bebés abandonados que llegaron demasiado tarde.

Por los que enfermaron mientras buscábamos desesperadamente una solución.

Por los que pasaron frío mientras intentábamos encontrar un refugio.

Por los que murieron cuando quizá, con medios, recursos, herramientas y una actuación a tiempo, podrían haber tenido otra oportunidad.

Y también salimos por quienes se quedan.

Por las rescatistas.

Por las gestoras de colonias.

Por las casas de acogida.

Por todas esas personas que cada día ponen sus manos allí donde demasiadas veces faltan medios y responsabilidades.

Porque el voluntariado puede hacer mucho. El amor puede hacer muchísimo. Pero el amor no puede sustituir eternamente a las instituciones.

No podemos seguir intentando proteger con nuestras manos aquello que debería estar protegido por todos.

No queremos ser héroes. No queremos que nos aplaudan por recoger animales abandonados, por pagar veterinarios de nuestro bolsillo o por pasar noches enteras intentando salvar a uno de ellos.

Queremos que no tengan que llegar a esa situación. Queremos prevención. Queremos recursos. Queremos protección. Queremos que la ley se cumpla. Queremos que, cuando alguien haga daño a uno de estos animales, existan consecuencias. Queremos que las colonias felinas dejen de ser invisibles.

Porque cada una de ellas está formada por vidas. Por miradas. Por historias. Y quienes las conocemos sabemos que no son números.

Sabemos quién es el primero en aparecer. Quién espera escondido. Quién tiene miedo. Quién se deja acariciar. Quién lleva años sobreviviendo. Quién necesita cuidados especiales. Sabemos quién falta. Y cuando uno desaparece, lo sabemos.

Por eso duele tanto escuchar que «solo son gatos». Porque no. Nunca son solo gatos. Son vidas que conocemos. Vidas que cuidamos. Vidas que, en muchas ocasiones, han aprendido a confiar en nosotros. Y quizá esa confianza sea lo que más nos obliga a seguir luchando.

Porque cuando un animal te mira y se acerca a ti después de haber conocido el abandono, el hambre o el miedo, te está entregando algo que no debería ser tan fácil de recuperar: su confianza.

Y nosotros no podemos traicionarla.

No queremos aplausos. Queremos soluciones.

Durante demasiado tiempo hemos intentado contener una inundación con las manos. Hemos recogido a los que la corriente arrastraba. Hemos puesto cubos bajo las grietas. Hemos corrido de un lado a otro intentando salvar todo lo que podíamos. Y sí…

A veces conseguimos poner una vida a salvo. A veces llegamos a tiempo. A veces una pequeña vida sobrevive gracias a que alguien decidió detenerse. Pero mientras nosotros seguimos achicando agua con nuestras propias manos, la inundación continúa entrando.

Y hemos comprendido algo. No necesitamos que nos aplaudan por seguir vaciando el agua. Necesitamos que se reparen las grietas. Necesitamos que se actúe antes de que el abandono ocurra.

Antes de que llegue la enfermedad Antes de que alguien ataque. Antes de que desaparezca un cachorro. Antes de que una colonia se quede sin alimento. Antes de que una rescatista tenga que elegir qué emergencia puede atender y cuál tendrá que esperar.

Necesitamos prevención.

Necesitamos medios.

Necesitamos coordinación.

Necesitamos responsabilidad.

Y necesitamos que quienes tienen la obligación de proteger no esperen a que los voluntarios lleguen después. Porque el voluntariado puede ayudar. El amor puede sostener. Nuestras manos pueden salvar.

Pero el amor no puede sustituir eternamente a la responsabilidad.

El 6 de septiembre, salimos a la calle

Por eso el 6 de septiembre salimos a la calle.

Para que nuestras voces hablen por ellos. Para recordar que las colonias felinas existen y que quienes viven en ellas tienen derecho a ser protegidos. Para exigir que las leyes no se queden escritas en un papel. Para exigir que se actúe.

Que se proteja. Que se investigue. Que se denuncie. Que se sancione cuando corresponda.

Que nadie pueda hacer daño impunemente a quienes no pueden defenderse.

Salimos por los que están.

Por los que faltan.

Por los que no llegaron a tiempo.

Por los que todavía llegarán.

Salimos por las madres que esperan.

Por los cachorros que desaparecieron.

Por los bebés que alguien abandonó.

Por los gatos que siguen esperando cada día que alguien les lleve comida.

Por quienes viven escondidos porque aprendieron que el mundo también puede hacerles daño.

Y salimos por todas las personas que llevan años sosteniendo esta realidad con sus propias manos. Porque no queremos más cajas abandonadas.

No queremos más cuerpos pequeños recogidos demasiado tarde.

No queremos más desapariciones sin respuesta.

No queremos más insultos contra quienes alimentan.

No queremos más miedo.

No queremos más silencio.

Queremos que mirar hacia otro lado deje de ser la respuesta.

Porque ellos no tienen voz. No pueden explicar dónde les duele. No pueden pedir ayuda. No pueden contar lo que les ha ocurrido. No pueden entrar en un ayuntamiento y exigir que se cumpla la ley. No pueden defenderse con palabras.

Pero nosotros sí.

Y durante demasiado tiempo hemos hablado bajito. Hemos pedido con cuidado. Hemos esperado. Hemos intentado resolverlo todo sin molestar demasiado. Pero hay momentos en los que guardar silencio también duele. Y este es uno de ellos.

Por eso salimos.

No para enfrentarnos.

No para señalar sin pruebas.

No para dividir.

Salimos para recordar que detrás de cada colonia hay vidas.

Que detrás de cada plato hay una persona que cuida.

Que detrás de cada rescate hay una historia.

Que detrás de cada desaparición hay preguntas.

Y que detrás de cada animal que conseguimos salvar hay una razón más para seguir.

El 6 de septiembre, nuestras voces serán por ellos.

Por los que están.

Por los que faltan.

Por los que todavía esperan.

Por los que nunca llegaron a tener una oportunidad.

Y por todas esas miradas que, sin poder pronunciar una sola palabra, llevan demasiado tiempo diciéndonos lo mismo: «No nos dejéis solos.»

Esta vez queremos que nos escuchen.

Porque ellos no tienen voz.

Pero nosotros sí.

Y el 6 de septiembre vamos a utilizarla. 🐾🤍


Descubre más desde Evolution Cats

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Avatar de Desconocido

Autor: Evolution Cats

En Evolution Cats, creemos que un mundo mejor empieza con pequeños gestos de amor hacia los animales. Somos una asociación comprometida no solo con el cuidado y bienestar de los gatos, sino también con la concienciación sobre el respeto y la protección de todos los animales, incluyendo a nuestros queridos amigos caninos.

Deja un comentario