
Cuando un cachorro felino llega al mundo, su madre no solo le proporciona alimento. Le proporciona protección, calor y las primeras herramientas para sobrevivir.
Hay vidas que comienzan dependiendo completamente de otra.
En el caso de los cachorros felinos, las primeras horas y semanas son una etapa especialmente delicada. Un recién nacido no puede valerse por sí mismo, necesita alimentarse, mantener su temperatura, recibir cuidados y protección y, sobre todo, permanecer junto a una madre que pueda atender sus necesidades. Sin embargo, demasiados cachorros llegan al mundo y son separados de ella cuando apenas tienen horas o semanas de vida.
Algunos aparecen dentro de cajas de cartón, bolsas o contenedores. Otros son dejados directamente en lugares expuestos al sol, al frío o a cualquier peligro del entorno, son bebés que todavía deberían estar mamando. Y, de repente, tienen que sobrevivir sin aquello que la naturaleza había previsto para protegerlos.
Para un cachorro de tan solo horas o pocas semanas de vida, abandonarlo no es darle una oportunidad. En determinadas circunstancias, es condenarlo a muerte.
Porque no puede buscar alimento. No puede encontrar agua. No puede protegerse del calor o del frío. No puede defenderse. Y cuando empieza a enfermar, tampoco puede pedir ayuda. Depende completamente de alguien. Por eso, cuando se abandona a un cachorro tan pequeño, no se estas simplemente dejándolo en un lugar donde quizá alguien lo encuentre. Estas poniendo su vida en manos del azar. Y para un bebé que todavía debería estar protegido por su madre, ese azar puede significar la muerte.
UNA MADRE ES MUCHO MÁS QUE UNA FUENTE DE ALIMENTO
Cuando pensamos en la lactancia, solemos pensar en la leche, pero una madre hace mucho más.
Durante las primeras horas después del nacimiento, el calostro tiene una importancia fundamental. A través de él, los cachorros pueden recibir anticuerpos que contribuyen a proporcionarles inmunidad pasiva mientras su propio sistema inmunitario todavía está madurando. Es una protección especialmente importante al comienzo de la vida.
Después llegará la lactancia, que proporcionará nutrición y acompañará el crecimiento del cachorro. Pero la madre también aporta calor, higiene, estimulación, seguridad y cuidados constantes. Por eso, cuando un cachorro es separado demasiado pronto de su madre, no estamos hablando únicamente de sustituir la leche. Estamos intentando sustituir un conjunto de cuidados que un animal tan pequeño todavía necesita para sobrevivir.
Y existe una diferencia importante que debemos conocer. No haber recibido calostro y no haber sido amamantado posteriormente no son exactamente la misma situación. La adquisición de anticuerpos maternos se produce fundamentalmente a través del calostro durante las primeras horas de vida, mientras que la lactancia posterior cumple principalmente funciones nutricionales y de desarrollo.
Cuando encontramos un cachorro abandonado, muchas veces ni siquiera sabemos qué protección recibió durante esas primeras horas.
UNA VIDA QUE COMIENZA SIN SU ESCUDO
El sistema inmunitario de un cachorro todavía está desarrollándose. La protección materna disminuye con el tiempo y, posteriormente, el propio organismo deberá desarrollar sus respuestas inmunitarias. Esto hace que las primeras semanas sean especialmente delicadas.
Y si a esa inmadurez añadimos abandono, mala alimentación, deshidratación, parasitación, estrés o temperaturas extremas, las dificultades pueden multiplicarse. No significa que todo cachorro que no haya mamado vaya necesariamente a enfermar. Tampoco significa que la falta de lactancia sea la causa directa de enfermedades concretas.
Pero sí significa que un cachorro privado prematuramente de la protección materna puede encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad, especialmente si además existen otros factores que afectan a su estado general.
Un pequeño cuerpo tiene muy poco margen para compensar las pérdidas. Unas horas sin comer. Una deshidratación. Una infestación de pulgas. Una exposición prolongada al calor. Una infección. A veces, varios problemas aparecen al mismo tiempo. Y lo que para un adulto podría ser un problema manejable, para un cachorro puede convertirse rápidamente en una emergencia.
ABANDONADOS CON HORAS O SEMANAS DE VIDA
Hay una imagen que se repite demasiado. Una caja. Una bolsa. Un contenedor. Y dentro, pequeños cuerpos que todavía deberían estar junto a su madre.
A veces tienen los ojos recién abiertos. A veces apenas pueden caminar. A veces todavía buscan instintivamente dónde mamar. Y, sin embargo, alguien ha decidido dejarlos allí.
Un cachorro de horas o pocas semanas no puede buscar alimento. No puede encontrar agua. No puede escapar del calor. No puede protegerse del frío. No puede defenderse de otros animales. Y cuando empieza a sentirse enfermo, tampoco puede buscar ayuda.
Depende completamente de nosotros. Por eso, abandonar a un lactante no es simplemente dejar un animal en un lugar donde alguien pueda encontrarlo. Es abandonar a un bebé que todavía no tiene las herramientas necesarias para mantenerse con vida.
Y cuando se abandona en condiciones extremas, no se le está dando una segunda oportunidad: se le está dejando a las puertas de la muerte.
UNA CAJA AL SOL PUEDE CONVERTIRSE EN UNA TRAMPA
En algunos rescates, los cachorros aparecen dentro de cajas de cartón o recipientes que han permanecido expuestos al sol. Cuando las temperaturas se acercan a los 40 °C, la situación puede ser especialmente peligrosa. Un cachorro tan pequeño no puede desplazarse buscando un lugar más fresco. Tampoco puede beber cuando tiene sed.
La deshidratación puede aparecer rápidamente y comprometer todavía más a un animal que ya dispone de unas reservas muy limitadas. Y si además lleva horas sin alimentarse, está parasitado o está incubando una enfermedad, todos esos problemas pueden sumarse. No sabemos cuánto tiempo puede haber permanecido un cachorro abandonado en esas condiciones.
Pero sí sabemos algo: un lactante no debería estar allí. Debería estar junto a su madre.
LAS PULGAS TAMBIÉN PUEDEN MATAR
También existen casos en los que los cachorros rescatados aparecen cubiertos de pulgas. A primera vista puede parecer simplemente un problema externo. Pero en un animal de pocas semanas puede ser mucho más serio.
Una infestación intensa puede provocar una pérdida importante de sangre y contribuir a la aparición de anemia, especialmente en cachorros que cuentan con unas reservas sanguíneas muy pequeñas. Y nuevamente aparece el mismo problema: un cachorro debilitado tiene menos margen para enfrentarse a cualquier otra dificultad.
Puede estar desnutrido. Puede estar deshidratado. Puede tener parásitos. Puede estar anémico. Puede haber sufrido temperaturas extremas. Y puede estar enfrentándose al mismo tiempo a una infección. En estos pequeños organismos, los problemas no siempre llegan de uno en uno.
CUANDO APARECE LA PANLEUCOPENIA
Entre las enfermedades que más preocupan en los cachorros felinos está la panleucopenia felina, provocada por un parvovirus. Es una enfermedad muy contagiosa y especialmente peligrosa en gatos jóvenes y no vacunados.
El virus afecta a tejidos donde las células se dividen rápidamente y puede provocar vómitos, diarrea, deshidratación y una disminución importante de los glóbulos blancos. El cachorro puede perder rápidamente fuerza y capacidad para responder ante la enfermedad. Y aquí es donde la edad importa.
Un adulto tiene unas reservas y una capacidad de respuesta que un cachorro de pocas semanas todavía no posee. Por eso, un cachorro que deja de comer, vomita, presenta diarrea, está extremadamente apático o muestra signos de deshidratación necesita valoración veterinaria cuanto antes. No debemos esperar a que esté completamente deteriorado. En un cachorro, esperar puede ser perder un tiempo que ya no tenemos.
PIF: UNA ENFERMEDAD QUE NO DEBEMOS SIMPLIFICAR
La peritonitis infecciosa felina (PIF) es otra de las enfermedades que puede afectar a gatos jóvenes y que merece ser explicada sin simplificaciones. La PIF está relacionada con el coronavirus felino, pero tener coronavirus felino no significa necesariamente desarrollar PIF. La enfermedad aparece cuando determinados factores relacionados con el virus y la respuesta del organismo favorecen un proceso inflamatorio grave.
La edad, la respuesta inmunitaria, la genética y otros factores pueden intervenir en su desarrollo. Por eso, no sería correcto afirmar que un cachorro desarrolla PIF simplemente por no haber sido amamantado. La falta de lactancia no es, por sí sola, la causa de la PIF.
Pero tampoco debemos olvidar que un cachorro abandonado puede llegar a enfrentarse a múltiples factores de vulnerabilidad al mismo tiempo: inmadurez inmunitaria, estrés, desnutrición, parasitación, infecciones y condiciones ambientales adversas.
Y cuando un organismo tan pequeño tiene que luchar contra varias amenazas simultáneamente, su capacidad de respuesta puede verse comprometida. También debemos recordar algo muy importante: la PIF ya no debe considerarse automáticamente una sentencia de muerte.
Los avances en el tratamiento antiviral han cambiado las posibilidades de muchos gatos diagnosticados. Pero la enfermedad requiere valoración veterinaria, diagnóstico y tratamiento adecuados.
CUANDO UN CACHORRO EMPIEZA A DEBILITARSE
Hay situaciones especialmente difíciles de vivir durante un rescate. Un cachorro puede parecer relativamente estable al principio. Come. Duerme. Busca calor. Y parece que comienza a recuperarse. Pero después empieza a perder fuerza. Deja de comer. Pierde peso. Se deshidrata. Se muestra cada vez más apagado. Y, en ocasiones, el deterioro puede producirse en muy poco tiempo.
Esto puede ocurrir porque los cachorros tienen muy poca capacidad de reserva y porque diferentes problemas pueden coincidir al mismo tiempo. No siempre podremos saber cuál fue la causa exacta de un deterioro o de una muerte sin disponer de un diagnóstico veterinario. Pero sí podemos entender algo fundamental: un cachorro de pocas semanas puede pasar de parecer simplemente débil a encontrarse en una situación crítica con una rapidez que no debemos subestimar. Por eso, decir: “Está muy débil”. “Es el más pequeño”. “Parece que no va a salir adelante”. no puede convertirse en una justificación para abandonarlo Al contrario. Precisamente porque está débil necesita más ayuda.
UN CACHORRO ENFERMO NO SE ABANDONA
Quizá esta sea la reflexión más importante de todo este artículo.
Un cachorro enfermo no se abandona.
Un cachorro débil no se abandona.
Un cachorro que necesita cuidados no se abandona.
Precisamente porque está enfermo necesita más protección.
Puede necesitar atención veterinaria, hidratación, alimentación específica, tratamiento contra los parásitos, medicación o cuidados intensivos.
Puede tener un pronóstico favorable.
Puede tener un pronóstico reservado.
Puede encontrarse en una situación muy grave.
Pero esa valoración corresponde a un profesional.
No a quien decide dejarlo en una calle, en un contenedor o dentro de una caja. Y si una persona no puede hacerse cargo de un cachorro, pedir ayuda también es una forma de protegerlo. Una clínica veterinaria, una protectora, una asociación o alguien con experiencia en cuidados neonatales puede ser el comienzo de una oportunidad.
No poder cuidarlo personalmente no significa que tengamos que abandonarlo.
NO TODOS LOS CACHORROS COMIENZAN DESDE EL MISMO LUGAR
Dos cachorros de la misma edad pueden encontrarse en situaciones completamente diferentes. Uno puede haber nacido junto a una madre que lo alimenta y protege, haber recibido adecuadamente el calostro, haber permanecido en un ambiente seguro y haber crecido con los cuidados necesarios.
Otro puede haber sido separado de su madre con apenas horas de vida, haber recibido una protección materna insuficiente, haber pasado hambre, haber sido expuesto al calor, haber sufrido una infestación de pulgas y haber estado en contacto con agentes infecciosos.
Tienen la misma edad. Pero no tienen el mismo punto de partida. Y cuando aparece una enfermedad, esas diferencias pueden resultar decisivas. Por eso no debemos mirar únicamente el tamaño de un cachorro, su peso o su aspecto exterior. Debemos preguntarnos: ¿Qué ha vivido hasta llegar aquí?
LA PROTECCIÓN QUE NO VEMOS
Quizá por eso sea tan importante hablar de la madre. Porque muchas veces vemos solamente lo que falta: la leche que no está, el calor que no está, los cuidados que no están. Pero detrás de todo ello existe algo todavía más profundo: la protección que un cachorro debería haber recibido durante una etapa en la que dependía completamente de ella.
El calostro. La lactancia. El calor. La higiene. La estimulación. La seguridad.
La presencia constante.
Todo forma parte de esos primeros días.
Y cuando esa protección desaparece demasiado pronto, alguien tiene que intentar sustituirla.
Pero hacerlo requiere conocimientos, tiempo, vigilancia y, muchas veces, atención veterinaria.
No basta con dejar una caja de leche y esperar.
Un cachorro lactante necesita mucho más.
DETRÁS DE CADA CACHORRO HAY UNA HISTORIA
Quizá nunca sepamos quién dejó aquella caja.
Quién cerró aquella bolsa.
Quién decidió que aquellos pequeños cuerpos podían quedarse allí.
Quizá nunca sepamos cuánto tiempo estuvieron solos.
Cuántas horas pasaron con hambre.
Cuánto calor soportaron.
Cuánto miedo sintieron.
Ni cuánto tiempo llamaron buscando a su madre.
Pero hay algo que sí podemos saber.
No eligieron estar allí.
No eligieron nacer.
No eligieron ser separados.
No eligieron enfermar.
No eligieron tener pulgas.
No eligieron pasar hambre.
No eligieron estar expuestos al calor.
No eligieron quedarse solos.
Todas esas decisiones fueron tomadas por otros.
Y por eso nuestra decisión, cuando los encontramos, debería ser diferente.
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